martes, 26 de abril de 2011

Hoy "disque" tu día

A toda la que realiza las tareas varias
en un lugar en el que tal vez no le comprenden,
le exigen, le critiquen y hasta le menosprecien,
aunque cumpla bien todas las exigencias diarias.

Algunas bien, otras en situaciones precarias
satisfacen todo lo que sus jefes demanden,
llegan siempre aunque llueva, truene o nunca descansen
las fieles y queridas guerreras, secretarias.

Algunas son "cabeza de hogar", otras solteras
unas son sumisas, otras algo guerrilleras,
mas todas las anteriores son dignas de aprecio.

Siempre listo el café, siempre listas las teteras,
pues a estos olmos se les pueden pedir peras
y es todo esto lo que jamás tendrá un precio.

lunes, 11 de abril de 2011

¿cobarde?

¿Cobarde?
Cobarde, dicen de aquel que comete suicidio; cobarde, dicen de aquel que corre al presenciar problemas; pero entonces ¿Cómo llamar a la mujer que aborta? ¿También cobarde?
Cada vez que alguien me pregunta lo que pienso sobre el aborto, titubeo, pues la persona que hace tal pregunta, la hace esperando una respuesta en particular, para ser más exacto, espera que la respuesta sea totalmente a fin a su modo de pensar, su punto de vista. Lo cual puede pasar por una de dos cosas (tal vez más).
Caso uno: abortó, conoce a alguien que lo ha hecho, una persona que aprecia, ó recomendó uno, y la culpa le persigue.
Caso dos: aborrece el aborto, tal vez también conozca a alguien que lo hizo y le repudia, insistió y aconsejó que no lo hiciera, sin embargo esta persona prosiguió en su “fechoría” y eso le ofendió hasta el horror.
Así pues que tendréis que tener cuidado al responder tal pregunta, pues en cualquiera de los casos serás reprochado, juzgado, criticado, en fin. Lo que yo me pregunto es: ¿A alguien se le ha pasado por la cabeza, por que carajos quiere esta mujer abortar? Y no me refiero a que no tenga plata, sea muy joven, que no tenga un papá para esa criatura, sus padres le matarían, y todas esas otras pendejadas, me refiero al mundo en el que creció.
¿Cómo juzgar a esta persona si no conocemos su procedencia?, ¿si su plano existencial es totalmente distinto al mío?, ¿si su mundo es otro, y en él, mueren tanto el bueno como el bobo, el listo y el tedioso, muere hasta el que pregunta por ocio?, ¿cómo juzgar a quien ha vivido lo que solo hemos visto en películas?; no es que le apoye, pero no le condeno, pues no conozco las causas; como aquel que dice: “solo “Dios” puede decidir quién muere”, y supongo que solo a “él” se le ocurre también que una niña de 14 años sea violada en un barrio marginal, en el que abundan tanto balas como las mujeres preñadas (que por cierto es el término correcto), así como en los hospitales abundan ambas, y hasta cruzadas.
Adelante, júzgalas. Primero por favor asegúrate de conocer el olor de la carne cuando se funde con el acero, de haber oído gritos de desesperación que se perdieron en el viento, de haber visto la mirada muerta de una inocente a quién se le llevaron la inocencia, de una madre que ha dado a luz a diestra y siniestra, solo para que se criaran futuros reos con destreza para el caos, y así después te quejas porque te robaron, porque robaron a tu hermana, y le deseas la muerte a esa criatura que pudo haber sido abortada hace años; ¿ya no es tan mala la idea, no? Vaya cantidad de hipócritas la que nos rodea; si tu “dios” permite que todo esto ocurra, y aún así, solo “él” puede decidir quién nace y quién muere, déjame decirte que no tenemos el mismo dios.
Nuevamente, no lo justifico, ni lo apoyo, mas lo único que puedo hacer es recomendarte que antes de juzgar analices bien la situación, y no solamente abras la boca para dejar en claro que eres un ignorante más. Si seguimos en esta pelea  jamás encontraremos una solución, y se seguirán practicando abortos clandestinos, causando muertes por dos, seguiremos encontrando bebés en la basura, lamentándonos no haber educado bien a nuestros hijos, culpando al gobierno, culpando a la educación escolar, culpando al vecino que los induce a tomar y lavándonos las manos como si fuéramos de fiar, me da risa este “ciudadano” promedio, risa y pesar.
¿Qué piensa usted de esto, pensante?, pues esta vez no se trata de quién tiene la razón, o si la preñaron o se preñó, si fue consentido o la violó, sino de cómo cambiamos esta situación. Y a ti joven: si no estás muy joven para tener sexo, no estás muy joven para trabajar, ni para levantarte en la madrugada y un pañal cambiar, así que a responsabilizarte de tus actos y a empezar a madurar. Recuerden que las palabras bisabuelo, tatarabuelo, tataratatarabuelo, no se inventaron para hablar de gente muerta, no se está muy “joven” para tener un hijo, se está muy pusilánime, tal vez muy blandito, pero todo está en nuestra mente y la de esta sociedad demente, que nos dice que hacer y cuando hacerlo, hasta cómo debemos hacerlo, ¿miento? Pregúntale a tu abuelo o tal vez al viejo que vende buñuelos, a ver a qué edad sus madres les parieron.
Y a todo aquel a quien interese: Cuando una niña con la mirada perdida te diga en confesión: estoy embarazada, no sé qué hacer. Felicítala antes que nada, felicítala y le verás crecer. Después de todo va a convertir su vientre en arte, le dará forma a otra vida, se convertirá en madre.
Por último los dejo con una reflexión personal (aún sin resolver)…
¿Si el cuerpo está listo para tener un bebé y cargarlo en su vientre, por qué la mente no lo está?

lunes, 4 de abril de 2011

Aquello que perdí

Es hora de caer derrotado sin más que lo que me quedó.

Daré al viento lo que le pertenece, y con él, que se vaya tu recuerdo. En el fondo de una botella trato de encontrar lo que perdí, o lo que dejé en la silla de algún bar del que ya no recuerdo el nombre, no recuerdo ni donde está.
Bebo solo, bebo con los que dicen ser mis amigos, pero nada se siente real; la mente engaña lo que los ojos ven, las manos tocan lo que el corazón no siente, y ella ni siquiera llama a decir que lo siente. Se reiría de mi hasta el más pobre, me ganaría hasta la mala suerte e incluso no me tomaría ni la muerte, ya tiene suficiente trabajo, como para preocuparse de un cobarde cabizbajo.
Llorar en mi soledad no es solución, ni poner esa triste canción, aunque la combinación de ambas –cuasi fatal- resulta sobrecogedora y es la más sutil forma de decirme que estoy vivo, que siento, y ¡Dios como lo siento!
¡Sí!  ¡Mierda sí que lo siento!
Siento, no el hecho de haber estado contigo, sino el no haber entendido que no podía cambiarte. Siento el hecho de haberme creído mi propio cuento de hadas, siento haber contado una historia de las malas. Siento lamentarme lo que no hice, cuando hice más de lo que quise y te quise hasta que más no quisiste. Siento haber llorado por ti, cuando en realidad lloraba por mí. Pero si hay algo que siento, es todo aquello que te di, no por habértelo dado, ni porque lo hayas tirado, sino, porque nunca lo quisiste y yo nunca lo vi.
Y ahora solo puedo sentir una cosa, ¿y sabes qué? No voy a dejarte ahí lo que perdí, pues ni en botellas ni en mujeres lo conseguí, aquello que perdí o creí haber perdido, siempre estuvo allí, frente a mis ojos, mi orgullo y mis enojos, mis estribos y mis antojos nublaban la visión de lo que podía reconocerle, pues ni con tiempo ni paciencia pude conocerte, pero es que siempre me faltó conocerme a mí mismo, es ahí donde fallé, de cara en el abismo -como le falla la fe a uno que otro obispo- así mismo fallé, mas por puro egoísmo.
Lo que puedo sentir es simpatía, no más odio, tal vez apatía, puedes morir o verte bonita, eso es ya igual para quien se ha dado cuenta que va cuesta abajo, rodando sin control y cual inocente ratón que solo espera que el futuro le sea mejor, que sea un trozo queso o de crema un tazón, y no de nuevo ese gato panzón, que casi le engulló y se sintió triunfador.
Y sí, cuesta abajo dije, pues el éxito –mal buscado- siempre en la cima, sonde solo habitan algunas aves y un mal clima, no se encuentra ahí, sino en las minas, adentro, como buscando en lo más profundo de tu ser, donde nada se puede esconder y donde lo que se esconde sale a florecer, pues las habilidades más notables y únicas son como nuestras únicas e irrepetibles esmeraldas, solo están aquí en nuestra tierra, ella nos las dio, otros se las llevan, pero si están en mí, haré que se vendan, o al menos que les exhiban en la tienda.
Aquello que perdí fueron esas esmeraldas que viven en mí, que viven en ti, que viven en todo aquel que quiere seguir y que a veces no sabe cómo, pero que tiene en el fondo aplomo y solo espera una luz que le guie. Estoy de pie, ya en el fondo de la mina, contemplando nada más que ese verde incandescente que hace que ya no me lamente, pues tengo talento, ideas y mucho en mi mente - que me dice que siga y le recuerde-, que no trate de olvidar que le tolere, así aparezca de vez en cuando y que carezca de mi total atención; que sea ya el final de esa canción, pues lo único que puedo oír ahora es el latir de mi corazón que me dice que ya todo terminó.

Recoge tus esmeraldas, yo ya recogí las mías; y si no entendiste el mensaje, no las busques todavía.