Y
yo siento que mi amor por ella es mayor que todos mis otros amores, incluso
amores que me obsesionaron; o sólo es distinto, no sé.
Ella
llena mi alma con su mirada, cuando le veo a través de la ventana, cuando sé
que me espera se me sale el corazón; y yo, yo sé que a ella también.
Me
ilusiona el hecho de que sé que la tendré para siempre. No hasta el fin de los
tiempos, pero sí para siempre, su amor y fidelidad serán eternos. Así, y de la
misma manera, le amaré incondicionalmente.
Me
ha demostrado ser digna de mi confianza y que no he ni habré de temer nada,
pues ella ahí estará; cuando yo ría, cuando llore, cuando despierte, cuando
duerma, e incluso cuando mi ira arremeta contra ella, no porque yo quiera, sino
porque así soy.
Ella
me ama sin condiciones y yo le amo más; a ella doy lo que me pida y ella –en reciprocidad-
me brinda su incondicional lealtad, su mayor virtud: la compañía, y esa mirada
que cautiva… ah, y la forma en la que posa su lengua sobre mi rostro repetidas
veces como muestra de afecto y emoción al verme. Eso sí que es demostrar
quererme.
Te
amo, perra mía.
A
Arya.