Soy la sombra de todo aquello que atemoriza tu mirar,
eso que te eriza cuando te sientas a pensar que no hay lugar a donde ir ni a donde andar.
La misma sombra que te persigue cuando al subir las gradas miras atrás,
y ves que no hay nadie, mas bien sabes que te siguen;
no lo ves, pero lo sientes; tienes miedo, pero te mientes.
Sigues caminando y el sonido de tus pasos retumba en otros pasos que son míos,
son aquellos pasos que al olvido echaste una mañana, aquella en que creías me marchaba.
No te dejaré en paz y lo sabes, no permitiré que de nuevo pases por verdes valles en tus atardeceres.
Seré el verdugo en tus amaneceres,
quien con estruendos te despierte para mostrarte que no hay luz al final del túnel,
si no un cruel juego de luces que hace que todo parezca estar bien,
cuando en realidad hay sangre por doquier.
Ese fantasma siempre al asecho, ese mismo maltratado y deshecho que te mira de reojo y sonríe,
no llora y finge estar feliz, a pesar de que sólo quiere verte sufrir.
Siempre pendiente de que haces;
a donde vas; a donde sales;
si vas con compañía o vas con nadie; si es cierto que feliz eres o sólo es arte;
una mala jugada y una masacre al corazón de quien espera que todo salga mal,
y a quien sus ojos dicen: "no te fijes, esto acabará".
Mira hacia atrás otra vez si es que te atreves,
pues bien sabes que no soy yo, ni son mis seres;
son tu risa, tu conciencia y tus quehaceres que han hecho de mí una pesadilla más en tu existir.
No soy yo quien te persigue,
date cuenta que eres tú quien no me quiere dejar ir.
No hay comentarios:
Publicar un comentario