lunes, 21 de enero de 2013

Amigos De Bolsillo, Amigos De Anaquel


Uno no pierde amigos; un amigo nunca se pierde. Lo que se pierde es una recua de hipócritas que están contigo en tus buenas y en sus malas. Ese que te pretende perfecto no lo es, el que no perdona nada, el que no entiende que te equivocas, el que no comprende que tienes boca y que de cuando en vez, con o sin el ánimo de ofender, dices algo hiriente, ese que espera que siempre seas valiente y te arriesgues por él o ella, más si se cree bella. Ese que una vez te ha usado para su propósito te vuelve a depositar en esa caja del olvido, donde se guardan a los padrinos, compañeros poco agradables del colegio, vecinos de barrios pasados y a uno que otro profesor que nunca les perdonó las llegadas tarde o los errores de ortografía.

Llamadas a las dos de la mañana hacen parte de la rutina de este ser que se disfraza para pedir tu compañía; eventualidades como un rompimiento te convierten en el perfecto paño de lágrimas, probablemente el más popular de tus usos, junto a proveedor, celestino, cómplice, salvador, hostelero y en el peor de los casos reemplazo de una noche, un par o lo que dure tal rompimiento. Del cual nunca sales bien librado, pues al final eres culpable por haberlo apoyado, aconsejarle seguir adelante sin esa pareja desastrosa y decir lo que creías mejor; por hacer más, haces menos; por hacerlo bien, lo haces peor.

Adiós entonces a la horda de arlequines que se la pasan desfilando como cangrejos entre los enrojecidos pies de los turistas de una afamada playa, que se convierten en sirenas cuando les conviene y te llaman a cantos, o en marineros que se engalanan y se sienten majos cuando no hay de otra porque no hay conectados en su lista de contactos.  Adiós al usuario que firmó el contrato por prestación de servicios y aparece a su conveniencia, adiós al que no quiere el compromiso de ser un buen amigo; adiós rocío matutino, que sólo dejas un efímero recuerdo frío porque la cálida mañana que nunca falla siempre está ahí, siempre llega; y porque en medio de la lluvia nunca estás, te escondes y ni se te nota cuando hay una tormenta, ¡eres como el olor de un apartamento con muchos gatos y ambientador de menta!

Un amigo no es quien arriesga por ti su papada, un amigo es quien te da la bofetada; no es quien está contigo cuando estás mal, es aquel que aunque esté lejos nunca se va.

A mis amigos.

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