martes, 18 de febrero de 2014

El festín del arlequín

Señor candidato, falso timorato, de moral discutible.
Sea usted sincero, no maquille ceros ni compre conciencias,
Que suena trillado y mal ensayado aquel sermón risible
Sobre las razones de los pormenores en la residencia.

Diga la verdad, diga la verdad; ¡no sea sin vergüenza!

Con un traje en paño que no tiene un año y le sienta apropiado
Mientras a “su” pueblo se le cae el suelo, la loza y pintura
De una casa vieja que poco semeja un techo adecuado.
Y usted y esa risa que practica en misa, ¡Pobre caradura!

Diga la verdad, diga la verdad, ¡ruin caricatura!

Son sus enemigos, cánticos y libros y fieles ideales;
Como son aliados -suyos, fracasados- pobres feligreses
Que tragan entero, sin pensar primero en problemas reales
Y así sus bolsillos y los de sus pillos engordan con creces.

Diga la verdad, diga la verdad, ¡sin desfachateces!

Vuelve victorioso, tan majo y dichoso al cesar elecciones
Que le nombran nuevo rigente del huevo, que se hace pudiente
Con el hambre y muerte de un pueblo sin suerte  que entre desilusiones,
Ignorancia y celo, halló su consuelo en alguien sonriente.

 Diga lo que quiera, diga lo que quiera, que ¡yo sé que miente!










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