Señor candidato, falso timorato, de moral
discutible.
Sea usted sincero, no maquille ceros ni compre conciencias,
Que suena trillado y mal ensayado aquel sermón
risible
Sobre las razones de los pormenores en la
residencia.
Diga la verdad, diga la verdad; ¡no sea sin
vergüenza!
Con un traje en paño que no tiene un año y le
sienta apropiado
Mientras a “su” pueblo se le cae el suelo, la
loza y pintura
De una casa vieja que poco semeja un techo
adecuado.
Y usted y esa risa que practica en misa, ¡Pobre
caradura!
Diga la verdad, diga la verdad, ¡ruin caricatura!
Son sus enemigos, cánticos y libros y fieles
ideales;
Como son aliados -suyos, fracasados- pobres
feligreses
Que tragan entero, sin pensar primero en
problemas reales
Y así sus bolsillos y los de sus pillos engordan
con creces.
Diga la verdad, diga la verdad, ¡sin
desfachateces!
Vuelve victorioso, tan majo y dichoso al cesar
elecciones
Que le nombran nuevo rigente del huevo, que se
hace pudiente
Con el hambre y muerte de un pueblo sin
suerte que entre desilusiones,
Ignorancia y celo, halló su consuelo en alguien
sonriente.
Diga lo
que quiera, diga lo que quiera, que ¡yo sé que miente!
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