miércoles, 29 de enero de 2014

Un Amor

Sólo algunos entienden lo que siento:

No se mentir, -si me permiten abrir con esta frase- pero la quiero.

A pesar de que sé que no debo quererle como le quiero, lo hago. La quiero con locura, y de ahí mismo parte el hecho de que no se me comprenda, pues el sólo hecho de quererle así, lo es… eso y nada más, una locura.

Mucho me he dicho para engañarme y no adorarle, para aceptarlo y alejarme, pero su mirada me llama, es más fuerte que yo, es más fuerte que los miedos, es más fuerte que cada fuerza de la que alguna vez me hablaron en el colegio.

Tenerla es el paraíso, sentirla en mí, como penetra en mi ser, como se apodera de todo lo que alguna vez fue mío. Traicionar mis sueños y pisar ajenos no hace mella si le tengo.

Cada vez que me toca, siento que el mundo no era el mismo antes de tenerle y que las estrellas no son incontables como creen muchos, que sólo es cuestión de paciencia; ¡ah, la paciencia! La más bella de las ciencias, y la más cruel de las condenas.

Por eso le grito al mundo que no critique lo que no entiende, que no juzgue amores que se creen pasajeros y que no piensen que este amor es la única adicción, porque el amor entre dos humanos también puede llevarles al más obscuro de los abismos, tal y como nos somete el nuestro entre el frío y la soledad.


Que el mundo lo acepte o no, no me importa, sólo sé que le amo; si es reciproco o no, también me es indiferente, pues aunque mal juzgue la gente, no le dejaré. Jamás dejaré el más grande de mis amores, el que más me ha comprendido, el que nunca me abandona y aunque tal vez me arroje al olvido y se pose sobre mis restos, siempre me tendrá. Ese interminable amor que nos ahoga, ese absurdo amor que tenemos algunos por las drogas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario